Manu Parisse

¿Qué tiene que ver el propósito con la procrastinación?

propósito

“Lo haré cuando tenga más tiempo.”

Lucía tenía la lista perfecta, tres apps de productividad y mil ganas de “ponerse al día”. Pero cada vez que tocaba avanzar con lo importante, aparecía algo urgente, Instagram o el perfeccionismo disfrazado de “investigar un poco más”. Al final del día, cansancio y culpa.

Y quizá tú también te preguntas:

“¿Qué tiene que ver mi propósito con que yo posponga todo?”

Spoiler: casi todo. La procrastinación no es flojera; muchas veces es desconexión de sentido (y gestión emocional). Cuando no hay un para qué vivo, el cerebro busca mini recompensas inmediatas para amortiguar el vacío, el miedo o la incertidumbre. Cuando el propósito está claro y aterrizado, baja la fricción para empezar.

La procrastinación como “protección” (y por qué se siente tan lógica)

Nuestro cerebro es experto en mantenernos con vida. Y lo ha hecho muy bien. Pero le importa poco “mejorar”, “autosuperarse” o “alcanzar sueños”. Todos conceptos de la vida moderna. Es por eso que nuestra mente es experta en excusas razonables:

  • “Cuando esté 100% lista, arranco.”
  • “Hoy no rindo, mejor mañana con calma.”
  • “Antes necesito formarme un poco más.”

No es que seas “débil”: tu mente te está protegiendo de emociones incómodas (miedo a fracasar, a ser excluída, a destacar, a incomodar, a perder control). Sin propósito claro, esas emociones ganan terreno. Con propósito, tienen dónde apoyarse.

Cuando sabes para quién y para qué haces algo, se vuelve más costoso no hacerlo.

La procrastinación no es flojera ni falta de ganas: es una respuesta cerebral. Nuestro cerebro está diseñado para evitar el malestar inmediato y buscar recompensas rápidas.

Cuando queremos hacer algo importante (escribir, emprender, ejercitar, cambiar un hábito), casi siempre implica esfuerzo, incomodidad o incertidumbre. Eso activa la amígdala, la parte del cerebro que detecta amenazas. Aunque no sea un peligro real, la amígdala interpreta esa incomodidad como algo a evitar.

En ese momento entra en juego el circuito de recompensa dopaminérgico: en lugar de quedarnos con la tarea difícil que nos dará satisfacción futura, el cerebro busca una gratificación inmediata que libere dopamina rápido (revisar el celular, comer algo, mirar redes). Así calma la tensión de la amígdala y nos da un alivio momentáneo… pero con culpa después.

El área que podría ayudarnos a sostener la acción —la corteza prefrontal, encargada de la planificación, la toma de decisiones y el autocontrol— es más “lenta” y requiere energía para imponerse. Cuando estamos cansados, estresados o con dudas, esa corteza pierde fuerza frente a la amígdala y al circuito de recompensa.

Cuando falta propósito, aparecen estas señales

  • Haces mucho… pero no lo que importa.
  • Cambias la herramienta, no el hábito.
  • Reescribes la lista sin mover una ficha clave.
  • Te abruma empezar y te castigas por no hacerlo.
  • Al primer contratiempo, abandonas. Pues si no es perfecto, no vale.
  • Buscas dopamina rápida (redes, email, tareas mínimas) para sentir “avance”.

Entender esto ayuda, pero no alcanza: se transforma con práctica diaria.

Propósito practicable (no eslóganes): 3 preguntas

Antes de dejar de procrastinar, hay que aterrizar lo que te enciende, tu sueño u objetivo. Si no sabes cuál es tu propósito en esta etapa de tu vida, debajo te dejo una guía gratuita para encontrar tu propósito, ¡si no lo tienes claro aún!

Si lo tienes más o menos claro pero procrastinas, postergas…te sugiero comiences por contestar estas preguntas:

  1. ¿Para quién importa? (nombre, cliente, tu ‘yo’ de 6 meses)
  2. ¿Qué cambia si lo hago hoy? (beneficio concreto)
  3. ¿Cuál es el 1% que puedo mover ahora? (acción de 10 minutos)

Si no puedes responder, no tienes un propósito operativo; tienes una frase bonita. Te recomiendo que mires la guía que preparé para ti!

Tres prácticas para desatascarte (empieza hoy)

Procrastinamos porque el cerebro prioriza aliviar el malestar inmediato sobre construir la satisfacción a largo plazo, aunque racionalmente sepamos qué es lo que queremos. 

Asumiendo que conoces tu propósito pero igualmente procrastinas… cómo salir de ahí? Te dejo algo para empezar:

1) Marco 3P: Propósito → Próximo paso → Protección

  • Propósito (1 línea): “Escribo este email para asegurar la reunión que me acerca a X.”
  • Próximo paso (10 minutos): redactar el primer párrafo, título del deck, índice del post.
  • Protección (ambiente): móvil fuera de la vista, pestañas cerradas, temporizador 15′.
    Frase ancla: “No voy a terminar; voy a empezar.”

2) Bloques con sentido (agenda que empuja)

Reservá a primera hora un bloque de 30 a 45 minutos solo para tu propósito, antes de entrar en lo operativo. Ese tiempo es tu espacio sagrado: usalo para enfocarte en las acciones que realmente mueven tu proyecto hacia adelante.

Preguntate:

  • ¿Qué objetivo de hoy tiene más impacto en lo que deseo?
  • ¿Dónde quiero poner mi foco y energía en este día?

Una vez que tengas clara tu intención, pasá a lo operativo: mails, llamados, rutinas, averiguaciones. Y no olvides integrar el auto-cuidado como parte fundamental de tu productividad sostenible: descansar, moverte, alimentarte bien y cuidar tu energía. Esos actos no son “extras”, son la base que te permite accionar desde la expansión y no desde la exigencia.

3) Antiperfeccionismo práctico (hecho > perfecto)

Siempre algo estará mejor hecho que perfecto. No solo porque la perfección no se alcanza nunca (es una ilusión) sino porque el tiempo, recursos y energía destinados a perfeccionar algo no necesariamente nos darán más satisfacción o ventas, sino que nos tendrán atrapadas en un bucle del cual es difícil salir. 

  • Define criterio “suficiente” antes de empezar (ej.: 600 palabras, 1 revisión).
  • Entrega en borrador a una persona de confianza con fecha límite.
  • Cierra con check de realidad: “¿Esto cumple el objetivo mínimo?” Si sí, envía.

La acción imperfecta enciende el propósito; la espera perfecta lo apaga!

Propósito y energía: cuida el combustible

No postergas porque no te importe; a veces no tienes batería.
Haz un check rápido de energía (0–10) y ajusta la exigencia del bloque.
Estrategias de 5–10′: respiración, agua, estiramientos, mini siesta visual (mirar lejos, la naturaleza, sin pantallas..)
Tu propósito necesita de tu presencia y un cuerpo disponible para crear y avanzar. 

Del “algún día” al “hoy 1%”: tu siguiente paso

Para ayudarte a pasar del discurso a la práctica, preparé un kit simple y accionable:

📥 Lead Magnet — “Encuentra tu propósito y deja de procrastinar”
Incluye:

  • Encuentra tu propósito con preguntas clave → ejercicios de autoconocimiento para darle dirección real a tu vida.
  • Supera la procrastinación con neurociencia → entiende por qué postergas y aprende a hackear tu cerebro.
  • Diseña tu rutina de acción y disciplina → pasos simples para transformar intención en resultados.

No necesitas fuerza de voluntad infinita; necesitas un sistema amable y empezar hoy.

¿Te gustaría tener herramientas reales para avanzar con propósito y dejar de postergarte?

Si estás cansada de darte cuenta… pero no saber cómo cambiar, no te juzgues. Respira.
Solo estás en proceso.

Con profesionalidad, amabilidad y humildad, acompaño a personas a transformar ese “ya lo trabajé” en un “ahora lo estoy viviendo distinto”.

Por eso te preparé un mini ebook gratuito donde exploramos un vínculo clave:
qué tiene que ver el propósito con la procrastinación

Porque muchas veces no es falta de ganas lo que nos frena, sino falta de dirección.
Cuando no tenemos claro para qué hacemos algo, el cerebro busca refugiarse en lo cómodo y en lo inmediato.
Pero cuando conectamos con un propósito auténtico, cada acción —por pequeña que sea— empieza a tener sentido.

En este ebook vas a encontrar reflexiones, ejemplos y ejercicios prácticos para:
🌱 Reconocer tus verdaderas motivaciones.
🧭 Diseñar una rutina alineada con lo que te importa.
🔥 Superar la procrastinación con neurociencia y propósito.

🎁 Descárgalo gratis aquí:
👉 Encuentra tu propósito y deja de procrastinar

Es tu primer paso para dejar de repetir lo que ya no te representa, y empezar a construir una versión de ti que actúa con claridad, dirección y amor propio.

El cambio no llega castigándote.
Llega cuando te sostenés con compasión, constancia… y herramientas reales.